ADRIÁN SERNA DIMAS
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La imagen de la guerra de pacificaci?n result? determinante no solo para sujetar a los pueblos ind?genas caribes sino para la invenci?n del indio antiguo. De un lado, para inventarlo como una entidad belicosa, id?latra y can?bal sobre la cual fue exaltado el conquistador espa?ol como una figura heroica portadora de una civilizaci?n bondadosa. De otro lado, para inventar al indio antiguo como una figura igualmente heroica que supo enfrentar hasta la muerte a una civilizaci?n codiciosa, cruel y expoliadora. No obstante, la relevancia de la figura de la guerra de pacificaci?n que permiti? erigir h?roes antag?nicos solapa, oculta o niega que los pueblos ind?genas caribes no sucumbieron en la batalla, sino que fueron sometidos brutalmente durante siglos a las faenas originales del modo de producci?n colonial, como la boga en el r?o, el guaqueo en las minas, el trasegar en el cultivo y la dedicaci?n en el trapiche. La invisibilidad de la intemperancia de estas faenas, de las crueldades que introdujeron, de las muertes que provocaron, crearon la imagen de que era la naturaleza en su salvajismo la fuente de los inevitables sufrimientos humanos en la cuenca media del r?o Magdalena. Esta es la m?mesis primera del hecho colonial en la mitolog?a nacional.
La imagen de la guerra de pacificación resultó determinante no solo para sujetar a los pueblos indígenas caribes sino para la invención del indio antiguo. De un lado, para inventarlo como una entidad belicosa, idólatra y caníbal sobre la cual fue exaltado el conquistador español como una figura heroica portadora de una civilización bondadosa. De otro lado, para inventar al indio antiguo como una figura igualmente heroica que supo enfrentar hasta la muerte a una civilización codiciosa, cruel y expoliadora. No obstante, la relevancia de la figura de la guerra de pacificación que permitió erigir héroes antagónicos solapa, oculta o niega que los pueblos indígenas caribes no sucumbieron en la batalla, sino que fueron sometidos brutalmente durante siglos a las faenas originales del modo de producción colonial, como la boga en el río, el guaqueo en las minas, el trasegar en el cultivo y la dedicación en el trapiche. La invisibilidad de la intemperancia de estas faenas, de las crueldades que introdujeron, de las muertes que provocaron, crearon la imagen de que era la naturaleza en su salvajismo la fuente de los inevitables sufrimientos humanos en la cuenca media del río Magdalena. Esta es la mímesis primera del hecho colonial en la mitología nacional.