ADRIÁN SERNA DIMAS
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La cuenca media del r?o Magdalena debe su car?cter a unas faenas concretas, a unas pr?cticas sociales idiosincr?ticas, que hicieron a la naturaleza entre las gentes y a las gentes entre la naturaleza. Las faenas m?s remotas estar?n asociadas a la profundidad de la ribera y de la selva, sujetas a las t?cnicas y tecnolog?as de sangre, dirigidas ante todo a la subsistencia, ajenas o negadas a cualquier pretensi?n de acumulaci?n, propias de un territorio que estaba en las m?rgenes del mundo colonial. Las faenas m?s recientes estar?n asociadas al campo domesticado, sujetas a las t?cnicas y tecnolog?as del vapor, pretendidas ante todo en la acumulaci?n, propias de un territorio llamado a integrarse a un pa?s que por su medio deb?a integrarse a su vez a la civilizaci?n moderna.El mundo colonial atado a las t?cnicas y tecnolog?as de sangre estaba llamado a ser transformado definitivamente por el mundo moderno atado a las t?cnicas y tecnolog?as de vapor. Pero ello no sucedi?: cada tentativa result? si al caso pasajera, fuente de riquezas ef?meras y ruinas casi eternas y, sobre todo, generadora de violencias atroces, conjunto de situaciones que fuera visto menos como el resultado de la precariedad de nuestras estructuras sociales y pol?ticas con su inadecuaci?n para insertarse al sistema mundial moderno y m?s como el efecto persistente de una naturaleza irredimible que era patente en la perseverancia del indio antiguo. Esta es la m?mesis tercera del hecho colonial en la mitolog?a nacional.
La cuenca media del río Magdalena debe su carácter a unas faenas concretas, a unas prácticas sociales idiosincráticas, que hicieron a la naturaleza entre las gentes y a las gentes entre la naturaleza. Las faenas más remotas estarán asociadas a la profundidad de la ribera y de la selva, sujetas a las técnicas y tecnologías de sangre, dirigidas ante todo a la subsistencia, ajenas o negadas a cualquier pretensión de acumulación, propias de un territorio que estaba en las márgenes del mundo colonial. Las faenas más recientes estarán asociadas al campo domesticado, sujetas a las técnicas y tecnologías del vapor, pretendidas ante todo en la acumulación, propias de un territorio llamado a integrarse a un país que por su medio debía integrarse a su vez a la civilización moderna.El mundo colonial atado a las técnicas y tecnologías de sangre estaba llamado a ser transformado definitivamente por el mundo moderno atado a las técnicas y tecnologías de vapor. Pero ello no sucedió: cada tentativa resultó si al caso pasajera, fuente de riquezas efímeras y ruinas casi eternas y, sobre todo, generadora de violencias atroces, conjunto de situaciones que fuera visto menos como el resultado de la precariedad de nuestras estructuras sociales y políticas con su inadecuación para insertarse al sistema mundial moderno y más como el efecto persistente de una naturaleza irredimible que era patente en la perseverancia del indio antiguo. Esta es la mímesis tercera del hecho colonial en la mitología nacional.