AMADO SANCHEZ, YOLIMA
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Actualmente, lo que se impone como imperativo en las urbes, lo que define el «progreso», es la venta de productos y, entre estos, los saberes están a la orden del día: dispuestos y ofertados, promocionados como si se tratara de nuevos artilugios tecnológicos. Se venden y se compran los títulos, se hacen estudios de mercado para los diplomados y se paga, incluso en moderadas cuotas, la asistencia a congresos y cursos de actualización sobre los más variopintos asuntos. Vamos gestionando créditos y acumulando información para la hoja de vida, tratando de acrecentar nuestro «valor». La alfabetización universal es una apuesta de los gobiernos y la democratización de la educación se pregona por doquier. A su vez, la burocracia del saber universitario se regocija cada vez que se ve figurar en un nuevo ranking; la innovación lo que sea que signifiquees el horizonte que se aspira alcanzar y la meta parecería ser formar el capital humano que el mercado laboral requiere. Ante este panorama, signado por unas lógicas que se sostienen en calificaciones de eficiencia, calidad y valor, el saber, los estudiantes, los profesores y la escritura misma terminan por reducirse a factores minúsculos asociados al sistema. La formación apunta a organizar hileras; la educación, a repetir respuestas; los estudiantes son clientes; los profesores, funcionarios; y los textos ahora disponibles a voluntad en la gran red o producidos por encargo a cambio de una calificación, en apariencia, «no sirven para nada», son simplemente un trámite por cumplir. En este libro, la autora se ocupa de establecer, a partir de un breve recorrido histórico, las relaciones entre el saber y la producción escrita, así como el lugar de la escritura de los estudiantes en los ámbitos universitarios, bajo las lógicas del discurso capitalista, desde la perspectiva del psicoanálisis.