ÁLVAREZ GARDEAZÁBAL, GUSTAVO
U$ 11,28 10,11 €
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Siempre he pensado que en esta, su primera novela de largo aliento, Gustavo encontr? el tono y el estilo que le son inconfundibles: prof?tico, cuestionador e hiperb?lico.Desde su publicaci?n hasta la de El bazar de los idiotas, en 1974, hab?an pasado solo dos a?os y ya ?lvarez Gardeaz?bal hab?a constituido un espacio vital donde los hombres se convulsionaban en medio de una crisis: la violencia. Pero la violencia iba intr?nsecamente ligada a un espacio: Tulu?, que en sus novelas adquiere la categor?a de personaje colectivo, de memoria arquet?pica que la mayor?a de las veces se transmite por tradici?n oral.En La tara del Papa, propiamente dicha, crea un mundo escindido al cual contribuye el manejo del punto de vista. En una entrevista que le hice en los a?os ochenta, ?lvarez Gardeaz?bal afirmaba que la novela est? escrita en fragmentos porque el esfuerzo po?tico no duraba debido al agotamiento de la imagen; agregaba, adem?s, que este fen?meno se generaliz? desde el momento en que en la cultura irrumpieron la fotograf?a, el cine, la televisi?n. En ese mismo instante la poes?a se volvi? balad?. G.A.G. se olvida de que el estancamiento y la reiteraci?n pueden conducir a un esfuerzo reinterpretativo de mundo; que de la impotencia de un decir gastado se forjan nuevas expresiones; que del martilleo de una misma imagen brota la obsesi?n de lo cotidiano con su dosis de poes?a alienante. Y en eso radica justamente el valor de La tara. - Amparo Urdinola Uribe
Siempre he pensado que en esta, su primera novela de largo aliento, Gustavo encontró el tono y el estilo que le son inconfundibles: profético, cuestionador e hiperbólico. Desde su publicación hasta la de El bazar de los idiotas, en 1974, habían pasado solo dos años y ya Álvarez Gardeazábal había constituido un espacio vital donde los hombres se convulsionaban en medio de una crisis: la violencia. Pero la violencia iba intrínsecamente ligada a un espacio: Tuluá, que en sus novelas adquiere la categoría de personaje colectivo, de memoria arquetípica que la mayoría de las veces se transmite por tradición oral. En La tara del Papa, propiamente dicha, crea un mundo escindido al cual contribuye el manejo del punto de vista.En una entrevista que le hice en los años ochenta, Álvarez Gardeazábal armaba que la novela está escrita en fragmentos porque el esfuerzo poético no duraba debido al agotamiento de la imagen; agregaba, además, que este fenómeno se generalizó desde el momento en que en la cultura irrumpieron la fotografía, el cine, la televisión. En ese mismo instante la poesía se volvió baladí. G.A.G. se olvida de que el estancamiento y la reiteración pueden conducir a un esfuerzo reinterpretativo de mundo; que de la impotencia de un decir gastado se forjan nuevas expresiones; que del martilleo de una misma imagen brota la obsesión de lo cotidiano con su dosis de poesía alienante. Y en eso radica justamente el valor de La tara.