JARRY, ALFRED
U$ 19,49 17,46 €
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Apenas un año después de las tumultuosas dos únicas representaciones de Ubú rey, Alfred Jarry, en 1897, publica esta novela a la vez tierna y feroz. Jarry tiene 24Encuadernación: Rústica años. Es ya el personaje singular que atravesará la bohemia parisina, paseando en bicicleta con su botella de absenta pura en el bolsillo y su legendaria pistola a veces descargada y a veces cargada, que llegará a disparar en más de una ocasión. Vivirá diez años más una vida alucinada y alucinante, dejando a sus contemporáneos la obra que indiscutiblemente será el punto de partida de las grandes innovaciones literarias que van a caracterizar el siglo XX. Genio precoz, Jarry aporta, lo mismo al teatro que a la novela, un impulso adolescente cargado de irreverencia y de libertad. Dotado de una inventiva deslumbrante a la vez que de una sutil erudición, ahonda en toda clase de fuentes literarias de las que es capaz de extraer un lenguaje prodigioso donde conviven el neologismo, el cultismo, el argot local y la palabra extraordinariamente rara que se adapta como un guante a lo que su usuario quiere expresar. A ello se debe sumar un excelente conocimiento de las lenguas clásicas así como de la tradición literaria, y no sólo francesa (por ejemplo, el Quijote, que ocupa un lugar importante en esta novela). Siendo por ello su traducción un gran desafío. Escrita por un atento alumno de Bergson, contiene un notable impulso reflexivo. Ya un libro como La risa de Bergson tiene que haber dejado una huella imborrable en Jarry. Pero también sin duda cierta concepción de la u00abpatafísicau00bb, que es descrita con bastante amplitud en uno de los capítulos de esta novela que lleva ese mismo título, es claramente deudora de la teoría bergsoniana de la duración, base de su afirmación de que u00abla vida es continuau00bb. Dice ahí: u00abpensaba que no hay más que alucinaciones, o percepciones, y que no hay ni noches ni días (a pesar del título de este libro, y por eso mismo lo hemos escogido)u00bb. En el interior de esa vida continua es, por tanto, donde debe producirse la u00abdeserciónu00bb que se anuncia como tema de esta u00abnovela de un desertoru00bb, que sólo muy superficialmente es deserción del servicio militar, siendo más bien deserción metafísica o, mejor dicho, patafísica. Sengle, el protagonista, que ama a su u00abhermanou00bb Valens no ansía u00abla comunión de dos seres convertidos en unou00bb, sino u00abel goce del anacronismou00bb, es decir, u00abvivir dos momentos del tiempo en uno sólou00bb como una forma de eternidad. Ahora bien, eso significa, dice Jarry, el alucinante amarse o enamorarse del u00abRecuerdo de Sí mismou00bb por parte de alguien que ha perdido la memoria a la vera de su amigo. A esto Jarry lo llamó u00abadelfismou00bb, disposición anímica del u00abamor de hermanou00bb, sustrato profundo de esta novela. Pero finalmente muestra de una solución rigurosamente patafísica de la deserción, puesto que si aquélla es la u00abciencia de las soluciones imaginarias que confiere simbolicamente a los lineamientos las propiedades de los objetos descritos por su virtualidadu00bb, tal u00ablineamientou00bb es exactamente la manera en que en la novela se evade Sengle, según cuenta que le sucede a un pueblo extranjero en China descrito en una enciclopedia etnográfica, cuyas cabezas u00abpueden volar hasta los árbolesu00bb y que, cuando sopla cierto viento, u00abdevuelanu00bb al otro lado del mar.