ALFONSO RUBIO
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Muchos a?os despu?s, no recuerdo qui?n de vosotros puso en mis manos el Libro de . Se me dijo que apareci? entre las Actas de difuntos del arca triclave de una ciudad ya despoblada. Como una rara y pasajera sensaci?n, su cubierto, de un verde sombr?o, quiso evocarme el tacto de un musgo flotante y estancado de alg?n en los que viv?. Abr? el libro y muy despacio y emocionado, como un amante esperanzado, comenc? a pasar p?ginas de un tacto ?spero, pero fresco. No puedo creerlo, all? estab?is, all? est?n los ojos estrechos de unos seres que me miran y que miro. No eran cualquiera de esos personajes que abundan en el archivo, eran unos pedazos de vida estampados y breves y que sin embargo, impresionan. Una especie de sacudida ingenua, pero profunda, de acceder, como tras un largo viaje incierto, a lo esencial de los seres y de las cosas, me atrap?. Pero enseguida cerr? el Libro de , de nuevo esa rara y pasajera sensaci?n me visit?. Nunca pude volver a abrirlo, nunca he podido. Lesiones. Se me dijo que apareci? entre las Actas de difuntos del arca triclave de una ciudad ya despoblada. Como una rara y pasajera sensaci?n, su cubierto, de un verde sombr?o, quiso evocarme el tacto de un musgo flotante y estancado de alg?n en los que viv?. Abr? el libro y muy despacio y emocionado, como un amante esperanzado, comenc? a pasar p?ginas de un tacto ?spero, pero fresco. No puedo creerlo, all? estab?is, all? est?n los ojos estrechos de unos seres que me miran y que miro. No eran cualquiera de esos personajes que abundan en el archivo, eran unos pedazos de vida estampados y breves y que sin embargo, impresionan. Una especie de sacudida ingenua, pero profunda, de acceder, como tras un largo viaje incierto, a lo esencial de los seres y de las cosas, me atrap?. Pero enseguida cerr? el Libro de , de nuevo esa rara y pasajera sensaci?n me visit?. Nunca pude volver a abrirlo, nunca he podido. Lesiones, de nuevo esa rara y pasajera sensaci?n me visit?. Nunca pude volver a abrirlo, nunca he podido. El Autor
Muchos años después, no recuerdo quién de vosotros puso en mis manos el Libro de . Se me dijo que apareció entre las Actas de difuntos del arca triclave de una ciudad ya despoblada. Como una rara y pasajera sensación, su cubierto, de un verde sombrío, quiso evocarme el tacto de un musgo flotante y estancado de algún en los que viví. Abrí el libro y muy despacio y emocionado, como un amante esperanzado, comencé a pasar páginas de un tacto áspero, pero fresco. No puedo creerlo, allí estabáis, allí están los ojos estrechos de unos seres que me miran y que miro. No eran cualquiera de esos personajes que abundan en el archivo, eran unos pedazos de vida estampados y breves y que sin embargo, impresionan. Una especie de sacudida ingenua, pero profunda, de acceder, como tras un largo viaje incierto, a lo esencial de los seres y de las cosas, me atrapó. Pero enseguida cerré el Libro de , de nuevo esa rara y pasajera sensación me visitó. Nunca pude volver a abrirlo, nunca he podido. Lesiones. Se me dijo que apareció entre las Actas de difuntos del arca triclave de una ciudad ya despoblada. Como una rara y pasajera sensación, su cubierto, de un verde sombrío, quiso evocarme el tacto de un musgo flotante y estancado de algún en los que viví. Abrí el libro y muy despacio y emocionado, como un amante esperanzado, comencé a pasar páginas de un tacto áspero, pero fresco. No puedo creerlo, allí estabáis, allí están los ojos estrechos de unos seres que me miran y que miro. No eran cualquiera de esos personajes que abundan en el archivo, eran unos pedazos de vida estampados y breves y que sin embargo, impresionan. Una especie de sacudida ingenua, pero profunda, de acceder, como tras un largo viaje incierto, a lo esencial de los seres y de las cosas, me atrapó. Pero enseguida cerré el Libro de , de nuevo esa rara y pasajera sensación me visitó. Nunca pude volver a abrirlo, nunca he podido. Lesiones, de nuevo esa rara y pasajera sensación me visitó. Nunca pude volver a abrirlo, nunca he podido. El Autor