RORTY, RICHARD
U$ 35,77 32,06 €
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La idea de que la mente humana es como un espejo que refleja la realidad ha inspirado el pensamiento filosófico desde los griegos. Descartes, Kant y los actuales filósofos analíticos han hecho consistir la tarea del filósofo en limpiar y pulir el espejo de la mente o del lenguaje, para poder establecer así el marco de referencia de todo conocimiento. Rorty sostiene, sin embargo, que los tres más grandes y más ... Ver más Ocultar La idea de que la mente humana es como un espejo que refleja la realidad ha inspirado el pensamiento filosófico desde los griegos. Descartes, Kant y los actuales filósofos analíticos han hecho consistir la tarea del filósofo en limpiar y pulir el espejo de la mente o del lenguaje, para poder establecer así el marco de referencia de todo conocimiento. Rorty sostiene, sin embargo, que los tres más grandes y más revolucionarios pensadores de nuestro siglo: Wittgenstein, Heidegger y Dewey, han sabido criticar- desde sus respectivos puntos de vista, epistemológico, histórico y social- la validez de la metáfora del espejo. El desarrollo de estas críticas revela que la filosofía analítica se halla en un callejón sin salida. Desde ahora, la filosofía deberá de renunciar a su aspiración de presidir el infalible tribunal de la razón pura y contentarse, como ha sugerido haber más comentando este libro, con el más pragmático y modesto oficio de guarda puestos del saber. La idea de que la mente humana es como un espejo que refleja la realidad ha inspirado el pensamiento filosófico desde los griegos. Descartes, Kant y los actuales filósofos analíticos han hecho consistir la tarea del filósofo en limpiar y pulir el espejo de la mente o del lenguaje, para poder establecer así el marco de referencia de todo conocimiento. Rorty sostiene, sin embargo, que los tres más grandes y más revolucionarios pensadores de nuestro siglo: Wittgenstein, Heidegger y Dewey, han sabido criticar- desde sus respectivos puntos de vista, epistemológico, histórico y social- la validez de la metáfora del espejo. El desarrollo de estas críticas revela que la filosofía analítica se halla en un callejón sin salida. Desde ahora, la filosofía deberá de renunciar a su aspiración de presidir el infalible tribunal de la razón pura y contentarse, como ha sugerido haber más comentando este libro, con el más pragmático y modesto oficio de guarda puestos del saber.