HUERTA BRAVO, DAVID
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Decia Stephane Mallarme que hubo alfabeto e inmediatamente despues aparecieron los versos. Y la prosa? Según Mallarme u201cno hay prosau201d, afirmacion alarmante ante la realidad tipografica de tantos libros. Digamos que la prosa quedo sembrada en una comarca fronteriza, en un limbo de avidas pulsiones; tan insaciables, que desataron, al paso de los siglos, a las criaturas multiformes y locuaces que llamamos novelas. Los cuentos siempre estuvieron alli, es decir: en la mente de la tribu, en la otra avidez, la de los ninos y los ancianos que dicen siempre u201ccuentamelo otra vezu201d. Los apetitos de la prosa fueron definiendose contra el fondo oscuro de los ritmos poeticos y nunca los abandonaron del todo; buscaron sus propios horizontes, sus leyes y su modo de asumir una memoria y una tenaz voluntad de forma. Asi nacieron la prosa poetica y el poema en prosa, a una modica distancia de las narraciones milenarias y emparentados de lejos con las novelas diluviales. Este libro busca insaciablemente el horizonte donde ha de ser leido. Cree encontrarlo para perderlo en el momento siguiente, que puede ser el de un punto y seguido o el de una pausa prosodica; esta hecho de perdidas y ganancias, de intermitencias y cortes, tajos, interrupciones, pero alli nace su extrana coherencia. En ese ritmo entrecortado quiere encontrar su legitimidad, su ley, su música. Quien lo escribio desconfia de la facilidad con la que puede simularse un estilo, porque sabe, quiza, que el estilo es, o debe ser, una plenitud de la agudeza, puro brillo punzante, sin disimulos ni disfraces.