MANUEL CORTÉS CASTAÑEDA
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Hay en la poes?a de Manuel Cort?s una sabidur?a extra?a que viene de la imagen hasta lo m?s hondo, consiguiendo que el poema se alimente de furtivos haces de luz que en cierta manera orientan nuestro camino de comprensi?n. El poema como objeto sensual se embarca en un viaje alucinado, donde una jungla verbal entrevera significados y significantes, y si aquellos centros de luz que descubrimos antes nos permite abrir una brecha para ver por los intersticios, pronto entendemos que estos est?n dise?ados sobre vueltas y revueltas de obsesiones constantes donde la llave que nos entregan pocas veces abrir? la puerta. No hay salida, el c?rculo est? cerrado. Lenguaje delirante, incoherente a veces, donde las fiebres y las pesadillas marcan las lindes entre sue?o y vigilia. Pero no es tanto el sue?o como la obsesi?n del sue?o: la Persistencia de lo on?rico; no es tanto la vigilia como esa reflexi?n sobre la realidad que se enrosca en s? misma, cuya salida en una forma de estar adentro. Lenguaje delirante, incoherente a veces, donde las fiebres y las pesadillas marcan las lindes entre sue?o y vigilia. Pero no es tanto el sue?o como la obsesi?n del sue?o: la Persistencia de lo on?rico; no es tanto la vigilia como esa reflexi?n sobre la realidad que se enrosca en s? misma, cuya salida en una forma de estar adentro.
Hay en la poesía de Manuel Cortés una sabiduría extraña que viene de la imagen hasta lo más hondo, consiguiendo que el poema se alimente de furtivos haces de luz que en cierta manera orientan nuestro camino de comprensión. El poema como objeto sensual se embarca en un viaje alucinado, donde una jungla verbal entrevera significados y significantes, y si aquellos centros de luz que descubrimos antes nos permite abrir una brecha para ver por los intersticios, pronto entendemos que estos están diseñados sobre vueltas y revueltas de obsesiones constantes donde la llave que nos entregan pocas veces abrirá la puerta. No hay salida, el círculo está cerrado. Lenguaje delirante, incoherente a veces, donde las fiebres y las pesadillas marcan las lindes entre sueño y vigilia. Pero no es tanto el sueño como la obsesión del sueño: la Persistencia de lo onírico; no es tanto la vigilia como esa reflexión sobre la realidad que se enrosca en sí misma, cuya salida en una forma de estar adentro. Lenguaje delirante, incoherente a veces, donde las fiebres y las pesadillas marcan las lindes entre sueño y vigilia. Pero no es tanto el sueño como la obsesión del sueño: la Persistencia de lo onírico; no es tanto la vigilia como esa reflexión sobre la realidad que se enrosca en sí misma, cuya salida en una forma de estar adentro.